Alfabetización emocional: el arte de ponerle el nombre correcto a lo que sientes

¿Sientes "estrés" o es "entusiasmo"? A menudo etiquetamos mal nuestras emociones. Aprende los 3 pasos de la alfabetización emocional para decodificar lo que sientes.

“Lo que más quisiera cambiar de mí es mi impaciencia. No me soporto, pero siempre he sido así”.

Esas fueron las palabras de una clienta hace unos años. Sin embargo, al observarla, yo no veía impaciencia. Veía energía, veía brillo en los ojos. Cuando le pregunté cómo sabía que eso que sentía era “impaciencia”, me miró confundida: “Es lo que mis padres siempre me decían”.

Resulta que, de niña, era la mayor de varios hermanos: extrovertida, curiosa y llena de energía. Cuando insistía en jugar o hacer algo nuevo, sus padres, agotados, le decían: “Deja de ser tan impaciente”.

Ella creció con esa etiqueta. Pero al analizar la energía que sentía, descubrimos que no era impaciencia. Era entusiasmo, anticipación y alegría.

Durante 40 años, había estado llamando a sus emociones más positivas con un nombre negativo. Al cambiar la etiqueta, su autoimagen cambió por completo. Dejó de ser la “mujer impaciente” para convertirse en la “mujer apasionada”.

Esta historia ilustra por qué la Alfabetización Emocional es vital. Si no sabemos nombrar lo que sentimos, no podemos gestionarlo.


¿Qué son realmente las emociones? (Spoiler: no son tus enemigas)

Si buscas una definición universal de “emoción”, no la encontrarás. Pero hay una forma muy útil de verlas:

Las emociones son la energía que nos mueve.

Fíjate en tu cuerpo. Cada emoción te empuja a hacer algo distinto:

  • La energía de la pereza te invita a descansar (necesario a veces).
  • La energía de la ambición te enfoca en aprovechar oportunidades.
  • Los celos te mueven a proteger algo que valoras.
  • La alegría te impulsa a celebrar.

El problema es que la mayoría de nosotras solo sabemos identificar unas 10 o 15 emociones básicas (tristeza, enojo, felicidad, miedo), cuando en realidad existen cientos de matices.

Cada emoción tiene tres partes que podemos decodificar:

  1. La historia: ¿Qué información me está dando? (Ej. “He perdido algo valioso” = Tristeza).
  2. El impulso: ¿A qué me empuja mi cuerpo? (Ej. A llorar o retirarme).
  3. El propósito: ¿Para qué existe? (Ej. Para procesar el duelo y sanar).

Los 3 pasos para la Alfabetización Emocional

Para dejar de reaccionar en automático y empezar a responder con inteligencia, necesitamos practicar estos tres pasos:

1. Escuchar sin juzgar (El fin de las “emociones malas”)

Solemos dividir las emociones en “buenas” (amor, alegría) y “malas” (miedo, ira, envidia). Esto es un error.

Las emociones son solo datos. Son neutras. El miedo no es “malo”; sin él, cruzarías la calle sin mirar y te atropellarían. El miedo te informa del peligro. El problema no es la emoción, es que la juzgamos antes de sentirla.

  • Tu tarea: Cuando sientas algo fuerte, no lo reprimas ni te culpes. Simplemente di: “Estoy sintiendo una energía intensa”.

2. Reflexionar (Decodificar el mensaje)

No siempre es obvio por qué nos sentimos así. A veces sentimos ira, pero en el fondo es tristeza disfrazada. O sentimos ansiedad, pero en realidad es emoción por un nuevo proyecto.

  • Tu tarea: Haz una pausa. Pregúntate: “¿Qué mensaje me trae esta emoción? ¿Me está diciendo que mis límites fueron cruzados (ira)? ¿Me está diciendo que no confío en esta persona (desconfianza)?”.

3. Articular (Ponerle el nombre exacto)

Aquí está la magia. Como las emociones son interpretaciones, tú tienes el poder de definirlas. Si dices “estoy estresada”, tu cuerpo se tensa. Si dices “estoy desafiada”, tu cuerpo se prepara para la acción.

  • Tu tarea: Amplía tu vocabulario. No te quedes en “bien” o “mal”. Busca la palabra precisa: ¿Es frustración o es decepción? ¿Es ansiedad o es entusiasmo?

Tu brújula interna

Tus emociones son el corazón de cada elección que tomas, desde qué comer hasta con quién casarte o qué negocio emprender.

Si aprendes a leerlas en lugar de temerlas, se convierten en tu brújula más fiable. Dejan de ser “algo que te pasa” para convertirse en una herramienta que utilizas para navegar la vida con mayor claridad y propósito.


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