Coaching para empresas familiares: el arte de poner orden en el caos

Two professionals engaging in conversation over coffee during a business meeting.

Las empresas familiares son el corazón de la economía (representan hasta el 80% del empleo en muchos países), pero también son el escenario de uno de los dramas más antiguos de la historia: la lucha entre el afecto y la eficiencia.

El dilema diario es brutal: “¿Cómo puedo ser una buena madre (o hija) y, al mismo tiempo, una empresaria implacable?”

Parecen mundos opuestos. La familia requiere cuidado, paciencia y amor incondicional. La empresa requiere estrategia, agudeza comercial y resultados medibles. Cuando estos dos mundos chocan sin un “árbitro”, el resultado suele ser el caos.

Pero tengo una buena noticia: el problema no es tu familia. El problema es la falta de estructura.


La fórmula del riesgo (¿tienes una bomba de tiempo?)

En el mundo de la consultoría experta (basándonos en los estudios de ESADE), existe una “fórmula” que predice si tu empresa familiar está en peligro o en camino al éxito.

No te asustes, no necesitas calculadora. La lógica es simple:

Complejidad de la familia + Complejidad de la empresa – Estructura = Riesgo.

¿Qué significa esto? Que mientras más crece tu familia (hijos, yernos, nietos) y más crece tu negocio (sucursales, internacionalización), más complejo se vuelve todo. Si ante ese aumento de complejidad, tú no aumentas la estructura (reglas claras, órganos de gobierno, protocolos), el “Riesgo Estructural” se dispara.

Es decir, una discusión pequeña entre hermanos deja de ser una anécdota de domingo y se convierte en el detonante que puede destruir la compañía. La estructura es el antídoto del caos.


El síndrome de los “4 sombreros”

Uno de los mayores aportes del coaching en este entorno es ayudarte a identificar desde qué “rol” estás hablando.

En una empresa familiar, es común que una sola persona ocupe hasta cuatro roles simultáneos. Imagina la confusión mental de llevar estos cuatro sombreros puestos al mismo tiempo:

  1. Familiar: Eres la madre, el padre o la hermana. (Te mueve el amor).
  2. Accionista: Eres dueña de una parte del capital. (Te mueve la rentabilidad).
  3. Directiva: Tomas decisiones estratégicas. (Te mueve la eficiencia).
  4. Empleada: Tienes un sueldo y tareas operativas. (Te mueve el desempeño).

El conflicto explota cuando mezclas los sombreros. Por ejemplo: tomas una decisión de “Directora” (despedir a alguien incompetente) pero te ataca la culpa de “Madre” (porque es tu hijo). O exiges dividendos como “Accionista” sin entender las necesidades operativas como “Empleado”.

El coaching te entrena para saber qué sombrero llevas puesto en cada conversación y actuar en consecuencia.


Más allá de la consultoría: conversaciones valientes

La consultoría te da el organigrama, pero el coaching te da la habilidad humana para habitarlo.

No basta con escribir un “Protocolo Familiar” y guardarlo en un cajón. Necesitas crear una cultura donde se puedan tener las conversaciones difíciles sin romper la vajilla.

El coaching en la empresa familiar trabaja en:

  • Institucionalización: Que las decisiones no se tomen en la cocina, sino en un Consejo.
  • Diferenciación: Aprender a tratar a los parientes como profesionales en la oficina y como familia en la casa.
  • Sucesión: Hablar del futuro de la empresa (y del retiro del fundador) sin tabúes, garantizando la viabilidad del negocio para la siguiente generación.

Hacia la empresa familiar triunfante

Una empresa familiar no tiene por qué ser “problemática”. Ese es un estigma injusto.

Cuando aplicas estructura y trabajas en la mentalidad de los miembros, obtienes lo mejor de los dos mundos: la potencia comercial de un negocio bien gestionado y el compromiso inquebrantable que solo la sangre puede dar.

El objetivo no es que la empresa sobreviva a la familia, ni que la familia sobreviva a la empresa. El objetivo es que ambas triunfen juntas.

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