El Mito de la “Súper Motivación”

Overhead view of a stressed woman working at a desk with a laptop, phone, and notebooks.

Seamos honestos: ¿cuántas veces has visto un video de alguien gritando que “solo te levantes y lo hagas”, mientras tú apenas puedes sacar la energía para revisar tus correos?

Nos han vendido la idea de una “súper motivación” constante. Vemos a influencers y gurús que parecen estar siempre al 100%, y cuando nosotros no nos sentimos así, aparece la frustración. Sentimos que estamos fallando.

Es hora de desmitificar esto. La motivación no es un estado permanente; es una emoción. Y como todas las emociones, es biológicamente imposible que sea constante. Fluctúa.

El problema no es tu falta de motivación. El problema es creer que la necesitas para poder actuar.


La Frustración: El Verdadero Enemigo

El mito de la “súper motivación” es una fantasía que nos frustra. Cuando no nos sentimos “inspirados” para ir al gimnasio, prospectar clientes o trabajar en ese proyecto importante, nos sentimos culpables.

Esa culpa genera frustración, y la frustración drena la poca energía que nos quedaba. Es un círculo vicioso.

La clave es dejar de esperar a “sentirte motivado”. Las personas que alcanzan metas importantes no lo hacen porque están siempre motivadas; lo hacen porque han desarrollado sistemas que funcionan a pesar de su estado de ánimo.


Cómo Moverte Cuando la Motivación No Aparece

Aceptar que tendrás días “bajos” es el primer paso para liberarte. El segundo es construir un plan de acción que no depende de cómo te sientes.

1. Enfócate en la Disciplina, no en la Emoción. La disciplina es el ingrediente clave del éxito, y es mucho más confiable que la motivación. La disciplina es hacer lo que dijiste que harías, tengas ganas o no.

¿Cómo construirla? A través de hábitos . No intentes cambiar tu vida en un día. Enfócate en pequeñas acciones diarias. Un hábito es una acción tan pequeña que es casi imposible no hacerla. Ese pequeño avance diario es lo que construye el impulso.

2. Ancla tus Acciones a un Propósito (No a un Sentimiento) Cuando te sientas sin ganas, haz una pausa. En lugar de preguntarte “¿Cómo me motivo?”, pregúntate: “¿Para qué estoy haciendo esto?” .

Anclar tu trabajo a un valor (libertad, perseverancia, servicio, seguridad para tu familia) es mucho más poderoso que anclarlo a una emoción pasajera. Tu “para qué” es tu ancla en la marea emocional.

3. Actúa para Generar la Emoción (No al Revés) Solemos pensar que primero debemos sentirnos motivados para luego actuar. En la realidad, casi siempre funciona al revés: la acción genera la motivación .

Esa sensación de logro que sientes después de terminar una tarea difícil, eso es motivación. La próxima vez que no tengas ganas, haz un pacto contigo: “Solo lo haré por 10 minutos”. Es muy probable que, una vez que comience, la propia acción te dé la energía para continuar.


Sé Amable Contigo, pero Sé Firme con tus Sistemas

Vas a tener días buenos y días malos. Es parte de ser humano. Deja de culparte por no sentirte “súper motivado”.

La productividad real no se trata de sentirte eufórico todo el tiempo. Se trata de ser consciente de tus emociones sin dejar que te dominen, y de construir hábitos y una disciplina tan fuertes que te muevan hacia tus metas, incluso en los días grises.

Aquí te comparto una guía que te puede ayudar a transitar mucho mejor esa “desmotivación” que te lleva a procrastinar.


Discover more from Revista Marka

Subscribe to get the latest posts sent to your email.

Discover more from Revista Marka

Subscribe now to keep reading and get access to the full archive.

Continue reading