Emprender en pareja. Para algunos, es el sueño romántico; para otros, una sentencia. La realidad es que es, quizás, la prueba de fuego más grande para una relación y un negocio.
En una era donde el trabajo remoto ha borrado las fronteras físicas, ser socios y pareja significa que la oficina y el hogar son el mismo espacio. El reto no es el amor; el amor se da por sentado. El reto es la comunicación, los límites y los roles.
¿Es posible “andar parejo” en la vida y en el negocio, como decía Robert Kiyosaki? Sí, pero requiere un nivel de conciencia y estructura de que una relación “normal” no exige.
El mito de estar “juntos todo el día”
El primer temor (o sueño) es pensar que estarán juntos 24/7. La realidad es que puedes compartir un espacio físico, pero estar en mundos mentales completamente distintos: uno en llamadas de ventas y el otro en la operación.
El verdadero desafío no es la proximidad física, sino la desconexión mental . El riesgo es estar tan “en el negocio” que se olvidan de estar “en la relación”.
La crisis de los roles: ¿cuándo eres mi socio y cuándo eres mi pareja?
Este es el punto de quietud más común. En la cena, ¿estás hablando con tu socio o con tu esposo/a?
Es vital definir los roles. A menudo, uno es el “visionario” (creativo, “volado”, lleno de ideas) y el otro es el “integrador” (el que aterriza, organiza y ejecuta). Ambos son indispensables, pero si no se respetan sus áreas, el conflicto es inevitable. Deben preguntarse: ¿Quién es el CEO? ¿Quién tiene el voto de desempate en finanzas? ¿Y cuándo “colgamos el gafete” de jefe/empleado para volver a ser pareja?
La trampa moderna: cuando tu casa es la oficina central
“Llevar el trabajo a casa” ya no es el problema. El problema es que el trabajo vive en tu casa.
Si no crean límites claros, cada cena se convierte en una junta de estrategia y cada fin de semana en una revisión de pendientes. Esto agota el negocio y, peor aún, mata el romance. La solución no está en el espacio, sino en el tiempo . Requiere rituales estrictos para “cerrar la computadora” y cambiar el modo mental de “socios” a “familia”.
El conflicto: ¿quién tiene la última palabra?
En una pareja, las decisiones pueden ser consensuadas. En un negocio, el consenso puede llevar a la parálisis.
¿Qué pasa cuando hay un desacuerdo fundamental? ¿Cómo tomar decisiones? ¿Se basan en la experiencia de cada uno (quien sabe de finanzas decide sobre finanzas)? ¿Tienen un voto 50/50 que puede llevar a un bloqueo? Tener un protocolo para resolver conflictos antes de que ocurran es la única forma de proteger ambas relaciones: la personal y la comercial.
El negocio de a dos
Emprender en pareja es un desafío inmenso, pero también una oportunidad única de construir algo con una alineación y confianza que ningún otro socio podría ofrecer.
No se trata de encontrar una lista de “pros y contras”. Se trata de hacer un diagnóstico honesto de sus fortalezas, debilidades y, sobre todo, de su capacidad para comunicarse cuando el estrés golpee. Es el máximo ejercicio de construir de a dos.
¿Tú que piensas, los has intentado?
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