En una mentoría presencial, puedes sentir la energía de la persona. En una mentoría digital, tienes una pantalla, una conexión a Internet variable y la constante amenaza de las notificaciones.
¿Cómo se logra una conexión real en este entorno?
La clave es llevar tu escucha a un nivel superior. No se trata de tener “oídos biónicos” para no perder detalle de lo que dice tu menteé. Se trata de usar tu intuición y tus sentidos de forma enfocada para captar lo que no se dice a través de los píxeles.
La escucha digital exitosa es un proceso activo que se divide en cuatro momentos clave.
Momento 0: la escucha en el “lobby digital”
La mentoría no empieza cuando dice “hola” en la videollamada. Empieza desde el primer contacto digital.
Necesitas “encender” tu escucha desde antes.
- ¿Cómo fue el correo que te escribí? ¿Claro y directo, o vago y caótico?
- ¿Cómo llenó tu formulario de bienvenida (si tienes uno)?
- ¿Fue fácil o difícil coordinar la sesión? ¿Llegó puntual al enlace?
Todo esto te da “pistas” cruciales sobre quién es este ser humano: si es organizado, si está ansioso, si es formal o si valora tu tiempo. Ya estás “escuchando” su modo de operar antes de verle la cara.
Momento 1: escuchar el “motor” (el porqué real)
Tu menteé llegará con un “tema”. Por ejemplo: “Quiero que me ayudes con mi estrategia de contenidos”.
Pero esa rara vez es el problema real. Es solo el síntoma.
Tu trabajo en este primer momento es escuchar el “motor” detrás de ese tema. ¿Cuál es la verdadera inquietud? ¿Qué le gustaría que fuera diferente?
- Tema: “Quiero una estrategia de contenidos”.
- Motor (lo que escuchas): “Tengo miedo a exponerme”, “Siento el síndrome del impostor”, “Me comparo con mi competencia y me siento pequeña”.
Si solo le das una estrategia de contenidos, no la implementará, porque no resolviste el motor real. Escuchar el “porqué” te permite saber si puedes ayudarle y gestionar sus expectativas.
Momento 2: la pausa de validación
En una videollamada, es muy fácil que tu menteé se asienta con la cabeza mientras revisa su celular o piensa en otra cosa. El silencio es ambiguo.
Por eso, en digital, la validación constante es fundamental. No puedes hablar 10 minutos seguidos.
Debes hacer pausas activas para “escuchar” si sigue contigo:
- “Espera, me detengo aquí. ¿Esto que te digo te hace sentido?”
- “Acabo de decir algo importante, ¿qué estás pensando ahora mismo?”
- “¿Sientes que nos estamos acercando a lo que querías resolver hoy?”
Esto cuida que la mentoría sea útil para tu cliente, y no solo una charla interesante para ti.
Momento 3: la doble escucha (el flujo y tu intuición)
Este es el nivel más avanzado. Mientras el menteé habla, tú estás escuchando dos cosas a la vez:
1. El flujo de la conversación: ¿Estamos dando vueltas en el mismo punto? ¿El menteé te habla solo de “personajes” (su jefe, su cliente, su pareja) en lugar de hablar de sí mismo ? ¿La conversación se volvió una charla intelectual en lugar de una mentoría práctica? Si es así, debes interrumpir y reenfocar.
2. Tu propia intuición (tu “brújula”): Tienes que escucharte a ti misma. ¿Qué te pasa a ti con lo que te cuenta? ¿Qué sientes? ¿Qué imágenes te vienen a la mente? ¿Qué “corazonadas” tienes?
En lo digital, tu intuición es tu sentido más agudo. Si una palabra te “brinca”, si sientes un “dolor” compartido, si de pronto te aburres (una señal de que el menteé está divagando), tienes que usarlo.
Tu trabajo como mentora es ofrecer esa intuición al servicio del cliente: “No sé por qué, pero mientras hablabas me vino a la mente la palabra ‘permiso’. ¿Qué significa eso para ti?”.
Escuchar en la era digital no es una versión inferior de la escucha presencial. Es una habilidad diferente, más enfocada. Se trata de usar la pantalla no como una barrera, sino como un microscopio para la voz, el rostro y la energía, y confiar en tu intuición para llenar los vacíos.
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