Para muchas mujeres en puestos de alta dirección, el ascenso a la cima viene acompañado de una sombra persistente: la sensación de que sus logros son fruto de la suerte o de una coincidencia, y no de su capacidad. Este fenómeno, conocido como el síndrome de la impostora, no es una falta de competencia, sino una distorsión de la percepción que afecta incluso a las líderes más brillantes y experimentadas.
En el entorno de la alta dirección, donde la toma de decisiones y la autoridad son constantes, reconocer y gestionar este sentimiento es vital para ejercer un liderazgo sólido y auténtico.
1. La paradoja del éxito
Es común pensar que a mayor éxito, mayor seguridad. Sin embargo, en la alta dirección ocurre a menudo lo contrario. Al ocupar espacios históricamente masculinos o alcanzar metas de alto impacto, la presión por la perfección se intensifica. La líder siente que debe demostrar el doble de capacidad para justificar su lugar, lo que alimenta el miedo a ser “descubierta” como alguien que no pertenece a ese círculo.
2. Los costos del “perfeccionismo paralizante”
El síndrome de la impostora se manifiesta frecuentemente a través de una autoexigencia desmedida. Esto puede llevar a dos extremos peligrosos:
- Sobre-preparación: Invertir una cantidad excesiva de tiempo en tareas que ya dominas, restando energía a la visión estratégica.
- Aversión al riesgo: Evitar propuestas disruptivas o grandes movimientos por miedo a que un error confirme tus propias dudas internas.
3. Estrategias para recuperar la narrativa de autoridad
Superar este síndrome no se trata de “borrar” la duda, sino de cambiar la relación con ella.
- Evidencia objetiva vs. Emoción: Mantén un registro de tus hitos, decisiones acertadas y resultados financieros. Cuando la duda aparezca, recurre a los datos. Los números y los hechos no mienten, aunque tu percepción lo intente.
- Normaliza la vulnerabilidad: Hablar del tema con otras mentoras o colegas de tu mismo nivel suele revelar que no estás sola. Compartir estas experiencias desmitifica el sentimiento y reduce su poder sobre ti.
- Redefine el fracaso: En la alta dirección, el error es parte del aprendizaje y la innovación. Acepta que no tienes que tener todas las respuestas todo el tiempo; tu valor reside en tu capacidad para liderar la búsqueda de soluciones.
El liderazgo desde la autenticidad
La verdadera autoridad no nace de la ausencia de dudas, sino de la capacidad de actuar a pesar de ellas. Tu trayectoria, tus cicatrices empresariales y tu visión estratégica son las credenciales que te han llevado a donde estás.
El síndrome de la impostora se debilita cuando dejas de buscar la aprobación externa y empiezas a confiar en la voz de tu propia experiencia. Al final del día, estás en esa mesa de decisión porque nadie más puede aportar la perspectiva única que tú posees.
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