Tener un trabajo que amas también es, tener éxito

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Abres tus redes sociales y el mensaje es abrumador: “Sé tu propio jefe”, “Renuncia a tu 9-a-5”, “Si no estás emprendiendo, estás fracasando”.

Hemos creado una nueva tiranía: la del emprendimiento obligatorio.

En esta nueva narrativa, quienes trabajan en una empresa, quienes construyen una carrera profesional dentro de una organización, son vistos como personas sin aspiraciones, “fracasados” o, en el mejor de los casos, “conformistas” que aún no se atreven a “dar el salto”.

Es hora de desmitificar esto. El éxito profesional no tiene una sola cara. Y un trabajo que te gusta, te reta y te da propósito, es tan (o a veces más) valioso como fundar tu propia compañía.


La “pasión obligatoria”

Históricamente, el trabajo y la satisfacción eran mundos separados. Los antiguos romanos veían el negocio ( negotium ) como “la negación del placer”. Durante siglos, la idea era simple: trabajabas por dinero, y buscabas la satisfacción en tu tiempo libre.

Luego, como bien lo explora la filosofía, tuvimos una idea revolucionaria: ¿y si pudimos tener las dos cosas? ¿Dinero y satisfacción en el mismo lugar?

Este ideal es generoso y optimista, pero ha sido secuestrado. La cultura del esfuerzo enérgico nos ha convencido de que la única forma de alcanzar esa unión de “dinero + pasión” es a través del emprendimiento.

El resultado es una nueva forma de frustración. Profesionales brillantes que disfrutan de su trabajo, que son líderes en sus equipos y que tienen un gran equilibrio de vida, se sienten “incompletos” o “atrás” porque no tienen su propia startup .


El éxito no es la estructura, es el propósito.

El problema es que hemos confundido la estructura del trabajo (ser jefe vs. ser empleado) con el contenido del trabajo (sentir propósito vs. sentirte vacío).

La verdadera pregunta no es: “¿Tienes tu propio negocio?”. Las preguntas reales son:

  • ¿Tu trabajo te reta intelectualmente?
  • ¿Sientes que lo que haces aporta un valor real?
  • ¿Estás usando tus talentos innatos?
  • ¿Trabajas con gente que respetas?

Puedes ser un “fundador” y odiar cada segundo de tu vida, ahogado en la administración y la incertidumbre. Y puedes ser un “gerente” o “colaborador” y sentir una profunda satisfacción, liderando proyectos innovadores y mentorando a un equipo.

Tener un trabajo que te guste no es falta de ambición. Es, de hecho, una forma de éxito increíblemente inteligente y sostenible.


El valor del “intrapreneur”

Un trabajo estable que te gusta no es un fracaso. Es una plataforma.

Te da la seguridad financiera para vivir plenamente, te permite desconectarte (algo que muchos emprendedores no pueden hacer en años) y te da la oportunidad de ser un “intrapreneur”: un agente de cambio dentro de un sistema más grande.

Dejemos de asumir que la única respuesta a “¿Cómo descubrir tu talento?” es “Creando una empresa”. A veces, la mejor forma de ver florecer tu talento es uniéndote a una misión que ya está en marcha y hacerla tuya, aportando tu fragancia singular a un jardín más grande.


Tu carrera, tus reglas

Abandonemos esta idea de que solo hay un camino. El precio de trabajar en algo que no te gusta solo por dinero es altísimo, como también lo es el precio de emprender solo “porque es lo que hay que hacer”.

El verdadero éxito es la coherencia. Es construir una vida laboral, sea como empleado o como emprendedor, que esté basada en tus talentos y te permita pagar tus cuentas y sentirte pleno.

Si tienes un trabajo que te gusta, te respeta y te reta: felicidades. No eres un conformista. Eres un profesional exitoso.


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