Existe una verdad ineludible en los negocios y en la vida: nadie puede liderar a otros si no posee un alto liderazgo personal.
Imagina que estás frente a una montaña monumental. A veces el camino es suave y te invita a correr; otras veces es una cuesta arriba brutal que te obliga a escalar con las uñas. Lo curioso de este viaje es que es solitario. En mis muchos recorridos, jamás te haz encontrado a nadie más en el sendero, así que decides hacerte amiga de tú sombra.
Esa montaña tiene cierta magia. Mientras subes, te haces preguntas y el eco te responde, no siempre lo que quieres oír, sino lo que necesitas saber en la medida que avanzas.
Esa montaña tiene el nombre más bonito y complejo del mundo: se llama YO.
La montaña interna: escalar tus propias emociones
Todos hemos recorrido esa montaña interna en todos los horarios y climas posibles.
Si te abro mi corazón, te diré que no siempre soy la líder estoica que imaginas. He subido esa cuesta estando alegre, pero también furiosa, despistada, amargada o atacada por una tristeza profunda. Y aun así, he continuado el camino.
Aquí está la primera lección del liderazgo personal: no se trata de estar siempre bien, se trata de seguir avanzando.
Hay momentos para parar y descansar. Descansar los pensamientos, las inquietudes y los aceleres. Pero siempre que retomo el camino y miro hacia abajo, veo todo tan claro que jamás quisiera regresar al punto de partida. Me emociona saber qué más hay después de este punto al que hoy he llegado.
Liderarte a ti misma es explorar tu propia geografía, con tus cimas y tus abismos.
El verdadero origen de la palabra “líder”
¿Qué piensas cuando alguien menciona la palabra “líder”? Probablemente imaginas a una CEO en una portada de revista, o a alguien con un cargo alto que inspira a las masas.
Nos vendieron la idea de que el líder es alguien que, por su posición, sabe, dice y hace lo mejor para que otros lo sigan. Pero esa definición está incompleta.
La palabra “líder” encuentra su origen en la raíz latina lis-litis. Su significado original es disputa, querella o proceso.
Piénsalo un momento. Según su etimología, el líder no es el que manda; es quien inicia o se encuentra inmerso en un proceso o una disputa.
Y la disputa más grande no es contra la competencia ni contra el mercado. Es la disputa interna. Es el proceso de vencer tu propia resistencia, tu miedo y tu comodidad.
Tu nueva definición de éxito
En esta redefinición, te invito a crear una conversación diferente y mucho más funcional para tu vida:
Un líder es aquella persona capaz de ser su propia inspiración.
Es quien se atreve a vivir en un proceso constante de disputa interna para generar resultados asombrosos en su interior, antes de buscarlos en el exterior.
Si necesitas que otros te motiven, no estás liderando. Si necesitas que el entorno sea perfecto para actuar, no estás liderando.
El liderazgo personal es la capacidad de levantarte un martes gris, cuando los resultados no llegan y tienes miedo, y decir: “Sigo subiendo”. No porque alguien te vea, sino porque te debes esa vista desde la cima a ti misma.
Deja de buscar el liderazgo afuera. Deja de esperar el título, el reconocimiento o el equipo perfecto.
Voltea la mirada hacia la montaña. Esa cuesta arriba eres tú. Conquístala, hazte amiga de tu sombra, gestiona tus emociones en la subida y conviértete en la mujer que te inspira. Solo entonces, el mundo te seguirá.
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